22.4.13


Hay un ejercicio de escritura que se hace a partir de la lectura azarosa, una improvisación digamos desde una línea cualquiera, leída sin dobles intenciones. Hace un rato, tomé el célebre texto de F. Nietzsche, Así habló Zaratustra, un parágrafo cualquiera el que incluso no leí completo, pues la idea era solo una oración disparadora (podría haber sido una palabra aislada), decía: “¡Yo reía y reía, pero en el fondo temblaban las piernas y hasta el corazón!”- fue como un disparo preciso, justo al corazón de las tinieblas.

Casi lo olvido, estaba en manos de un hombre que escribe a los martillazos.  

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