3.3.13


Mientras unos sostienen que el rol de los intelectuales es transmitir y por ende conservar la cultura y la tradición, otros sostienen que su función se fundamenta en el opuesto, es decir en transformar la cultura, enfrentarse al poder. Interpelar su tiempo, la noción de hombre y sociedad. Es en este sentido que un intelectual se mete donde molesta y así se aleja radicalmente del sabio. 
Dice Sartre en su conferencia primera de < Defensa de los intelectuales > (Pag. 267) que: “Y, si se quiere un ejemplo de esta concepción común del intelectual, diré que no se llamará intelectuales a los sabios que trabajan sobre la fisión del átomo para perfeccionar la maquinaria de la guerra atómica: esos son sabios y nada más. Pero si esos mismos sabios, aterrados por el poder destructor de las maquinarias que ellos permiten fabricar, se reúnen y firman un manifiesto para poner en guardia a la opinión contra el uso de la bomba atómica, se transforman en intelectuales”. 


Entonces podemos decir que el intelectual sale de su competencia disciplinar y violenta la opinión pública, se involucra con las escalas de valores de su tiempo y denuncia. 

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