17.9.10

1 comentario:

  1. Mas tarde, aún bajo el mismo sol vino alguien. Un sumiso, siempre amable de sonrisa apagada. Como la de los sumisos.
    Me dio un papel y que lea el escrito que tenía.

    ¡Pensalo! – me dijo y se despidió.

    La cosa hablaba de la libertad y de la voluntad, de la dignidad erguida, casi soberbia. Nada de lo escrito tenía que ver con el con esa alma “buena”, pero sin embargo creí en su mirada convencida. Aunque de puro desconfiado, no creí una sola palabra de lo que acababa de leer. Es que era muy… en fin.

    ¿Será que siempre es preciso leer en dimensiones subliminales?
    En un punto originario, primigenio, todos somos iguales (matriciales), luego jamás volvemos a ser así.
    Uno es, inclusive distinto de si mismo, si se piensa.

    Y caigo en la estupidez de preguntarme quienes somos en realidad.

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