(en el terrible espiral del devenir).
En la interpretación de la trama última, somos agentes de una realidad disminuida.
El hombre hace falsas estimaciones de la (su) verdadera naturaleza. Construye modelos (además de los constructos teóricos) para negociar la supervivencia, que de otro modo no poseería, el no-yo es el enemigo, es ajeno a mi, amenazante.
Es que nacer (en si mismo) es una ruptura.
De ese miedo a lo extraño, que es el entorno (de ahí la extranjeridad) emerge la falsa seguridad que se articula como dominio de la naturaleza, sometiendo el entorno. Entonces el hombre se constituye dios y se inventa una explicación del mundo.
Allí comienza, en la perdida – la constitución de la subjetividad.
Desde el océano primigenio, hacia la progresiva diferenciación y patencia de lo externo, hasta el sentimiento de eternidad en el regreso al estado feliz.
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2.12.10
21.7.10
Tradición selectiva.
En lo cotidiano está impresa la huella de la historia, que actualiza la totalidad de la experiencia de ser humano, que se evidencia en el ser (humano).
La continuidad queda garantizada según el grado de comprensión del objeto (la realidad misma) por parte del intérprete y la orientación que éste le imprima.
Entonces, la continuidad se entrecruza con una sutil desviación que nos entrega una sensación de inmutabilidad de la realidad. Situación que no es tal, mientras se producen los cambios, no los distinguimos cabalmente.
La continuidad queda garantizada según el grado de comprensión del objeto (la realidad misma) por parte del intérprete y la orientación que éste le imprima.
Entonces, la continuidad se entrecruza con una sutil desviación que nos entrega una sensación de inmutabilidad de la realidad. Situación que no es tal, mientras se producen los cambios, no los distinguimos cabalmente.
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