Mostrando entradas con la etiqueta lengua y literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lengua y literatura. Mostrar todas las entradas

17.12.14

En la sección de “Cultura y espectáculos” del Página 12 de hoy (17 de diciembre) leo el breve artículo “La literatura como modo de liberación”, el titulo es atrapante y envolvente.
En el párrafo central me tropiezo con el fragmento de un testimonio que dice: “… la escritura es liberadora (…) me da esa dimensión de poder viajar con la fantasía, de buscar palabras que quizá en mi vida utilicé, de hacer con ellas combinaciones que se mezclan en una licuadora y hacen un jugo espectacular…”

Lo comparto porque me pareció de lo más interesante, certero y amerita tomarlo como desayuno. 

27.7.13

Conocí a García Márquez por obligación, como todos, en medio de lecturas secundarias. No obstante me asaltó un cálido afecto por su obra y sus palabras tan llenas de colores y vericuetos. 
Ya no lo leo hace tiempo, a veces me gustaría…, así comienza “Del amor y otros demonios” un texto polifónico: “Un perro cenizo con un lucero en la frente irrumpió en los vericuetos del mercado el primer domingo de diciembre, revolcó mesas de fritangas, desbarató tenderetes de indios y toldos de lotería, y de paso mordió a cuatro personas que se le atravesaron en el camino. Tres eran esclavos negros. La otra fue Sierva María de Todos los Ángeles, hija única del marqués de Casalduero, que había ido con una sirvienta mulata a comprar una ristra de cascabeles para la fiesta de sus doce años”.

25.4.13


Estatuto del predicado.
Buena parte del juego de los intelectuales es interrumpir al interlocutor locuazmente para hacer gala de la propia mente intrépida, sin embargo me pregunto ¿cómo es posible poner puntos, pelos y señales en medio de una oración? 
Pongamos por caso: “Juan camina por la vereda rumbo a…” y antes de finalizar el argumento se produce la interrupción: “¿y usted como sabe que Juan iba rumbo a…?”.
Posiblemente el primer orador, estaba por decirlo en lo que se conoce como predicado, es decir: aquello que se dice del sujeto, para que la oración tenga sentido y podamos luego debatir al respecto, si fuera necesario.

En otros tópicos se lo llama, escuchar a quien está hablando, simplemente.